Si tuviese que poner algún nombre a la presente semana, sería "La semana de los regalos". Suena fome, pero refleja la realidad que me ha tocado vivir.
No bastaron los regalos de Navidad, que por cierto, estuvieron muy buenos; ropa, bolsos, aros, cremas y todas esas cosas con las que alucinamos las mujeres. Además estuve junto a la persona que coloca azul mi corazón. Creo que con eso, basta y sobra.
Pasaron los días, y llegaron más regalos: bandejas para tortas, chocolates, dulces, cama nueva, sandalias y zapatillas. Como aclaración, los regalos anteriormente nombrados, no guardan relación con la Navidad, pues son regalos externos.
Ya era la felicidad máxima.
Pero los regalos no me importan. Yo soy feliz en un estado natural, relacionándome con lo más puro del universo. Una sonrisa, un abrazo o una mirada pueden cambiar la percepción de la vida, de la historia, de lo que hemos vivido, y de lo que viviremos.
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