La niña que se cree loca tiene muchos amigos, pero en el fondo no tiene a nadie. Está sola, desgarrada, escupiendo sangre por la boca. Sangre dolorosa e incolora, porque hasta la sangre está podrida.
Tiene veneno en el cuerpo, cuidado con acercarse a ella, pues las apariencias engañan.
Los gusanos son sus mejores amigos, pero eso es un secreto. Nadie lo sabe, sólo ella.
Por las noches, cuando todos duermen plácidamente en sus camas de satín, ella corre hacia el jardín en busca de aquellos seres alargados y babosientos, moviéndose al compás de la música que emana el silencio ensordecedor.
Corre y juega, rie y baila. No hay nadie como ella.
La loca de los escritos, la loca de los colores, la loca que juega a ser loca
Sólo es un ser putrefacto condenado a vagar por el mundo.

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