Es tan divertido cuando veo las nubes negras pasar por la ventana del estudio. Algunas enojadas, tristes, desoladas y melancólicas, tratando de hallar el punto exacto para vomitar toda la mala onda que han juntado durante un buen tiempo.
A veces me siento como una nube, no tengo ningún cable a tierra que me nombre los límites. Y vuelo sin parar, acumulando hojas, tierra, lluvia y amor. Cuando estoy en lo mejor de mi viaje, me olvido que estoy volando y ya no hay más. No hay nubes. Sólo yo y el viento fresco golpeando mi cara, jugando con mi cabello, arrancando mis orejas, matando la lágrima de soberbia temporal.

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