sábado, 4 de junio de 2011


Ella sentía temor…

Un temor desconocido y a la vez tan familiar como el dulce de leche que compraba cada domingo en el supermercado.
Había cometido una falta y sentía miedo por lo que vendría. Quizás sus imaginaciones no eran más que eso, sólo imaginaciones burdas que no significaban mucho en esta dimensión, pero se preocupaba por lo que pensaría él.
Él la quería mucho. Era su miel y su delirio, sus ojos, el agua que necesitaba para saciar la sed descontrolada del día cansador.
Pero el problema de ella era, sin lugar a dudas, la mente soñadora que le permitía vagar por cada rincón del universo.

…Peligroso….

[Se había imaginado como sería la vida sin él, sin sus abrazos y sus besos. Sin el calor celestial que la convertía en la mujer más especial de todas. Era única en su especie. El resto de féminas componían lo que ella llamaba “cotidianidad absurda”. ¿Era pecado pensar en otro que no fuese él? Y ¿era pecado, más aún, pensar en un reemplazante mayor? ¿Cercano? Seguramente sí, en absoluto. Al menos para el común que la rodeaba.
Ese hombre, alto, delgado, blanco como las rosas del jardín de la casa grande, maduro e intelectual… parecía interesante. Para los sueños. La realidad, en esta ocasión, quedaba fuera del juego.]

Se despojaba de los celos enfermizos y del bodrio nocturno.

Se cortaba la piel           en                            c u b o s.

Unasonrisafingida

Miel                         agraz

Mi e             d                                                         o

Fueeeeeeeeeeeera

Te quiero

(y lo demás, es sólo para el inconsciente loco de mi mente)