martes, 23 de noviembre de 2010

Quiere vomitar todo lo negro, molesto, punzante, gusanoso, putrefacto que lleva dentro, pero no puede. Está atada de manos y de brazos, sin fuerzas. Quiere escupir sangre por la boca, quiere desangrarse, quebrarse, diluirse. Pero no quiere estar allí.
Tiene deseos hogareños: estufa a leña, lluvia, pasto mojado, gatos y mimos. Era fácil vivir en aquellos tiempos. No había de que preocuparse. Las cosas eran simples, como a ella le gustaban.
Los días son fríos y duros. Las paredes húmedas, más que olor a fresco, emanan agresividad y desconcierto.
Sólo un libro la hacía huir de lo real maravilloso que alguna vez imagino con él, y que ahora, no era más que polvo grisáceo.

Imágen: Transoceanica

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